Bernard Lonergan. Método en Teología.
Traducción de Armando Bravo.

Hay al menos un erudito a quien uno puede acudir en pos de una determinación explícita de las áreas comunes a religiones mundiales como el cristianismo, el judaísmo, el islamismo, el mazdeísmo de Zoroastro, el hinduismo, el budismo, y el taoísmo. Porque Friedrich Heiler ha descrito con cierta amplitud siete de esas áreas comunes.(*) Aunque no puedo reproducir aquí la rica estructura de su pensamiento, debo al menos dar una lista de los temas que trata: 1) que hay una realidad trascendente; 2) que ella está inmanente en los corazones humanos; 3) que ella es la suprema belleza, verdad, rectitud, bondad; 4) que ella es amor, misericordia, compasión; 5) que el camino hacia ella es el arrepentimiento, la autonegación y la oración; 6) que el camino es el amor al prójimo, aun a los enemigos; 7) que el camino es el amor a Dios de suerte que la bienaventuranza se concibe como conocimiento de Dios, unión con él o disolución en él.

Ahora bien, yo pienso que no es difícil ver cómo estos siete rasgos comunes de las religiones mundiales están implícitos en la experiencia de estar enamorado de manera irrestricta. Estar enamorado es estar enamorado de alguien. Estar enamorado sin matizaciones, condiciones, reservas o límites es estar enamorado de alguien trascendente. Cuando alguien trascendente es mi amado, él está en mi corazón, es real para mí desde dentro de mí. Cuando ese amor es la plenitud de mi impulso irrestricto a la autotrascendencia a través de la intelección, verdad y responsabilidad, el único que satisface ese impulso debe ser supremo en intelección, verdad y bondad. Puesto que él elige venir a mi por un don del amor hacia él, él mismo debe ser amor. Puesto que amarlo es trascenderme a mí mismo, también es una negación del yo que ha de ser trascendido. Puesto que amarlo significa una atención amante hacia él, es oración, meditación, contemplación. Puesto que el amor a él es provechoso, se derrama en amor a todos los que él ama o puede amar. Finalmente, de una experiencia de amor centrada en el misterio fluye un desear el conocimiento, mientras que el amor mismo es un desear la unión; así, para el amante del amado desconocido el concepto de bienaventuranza es conocimiento de él y unión con él, del modo como puedan realizarse.

Nota (*) F. Heiler, “The History of Religions as a Preparation for the Cooperation of Religions,” The History of Religions, como antes, nota 6, pp. 142-153.