En el mundo mediado por la significación y motivado por el valor, la objetividad es sencillamente la consecuencia de la subjetividad auténtica, de la atención genuina, de la inteligencia genuina, de la racionabilidad genuina y de la responsabilidad genuina. Las matemáticas, las ciencias, la filosofía, la ética, la teología difieren de muchas maneras; pero tienen el rasgo común de que su objetividad es el fruto de la atención, inteligencia, racionabilidad y responsabilidad.
 
    
La conversión va desde la inautenticidad hasta la autenticidad. Es la rendición total a las exigencias del espíritu humano: está atento, sé inteligente, sé razonable, sé responsable, permanece enamorado.

Bernard Lonergan. Método en Teología, 1972.